Liberar el lastre. Retomar el vuelo.

Las cenizas de Fuerte Bulnes

En 1852, Miguel José Cambiasso, teniente de artillería del ejército chileno, incendió los restos de una fortificación abandonada al sur de Punta Arenas. Pocos días antes Cambiasso había sublevado la guarnición de Punta Arenas y sometido la ciudad. El Gobernador de Magallanes Muñoz Gamero intentó combatirle pero él y sus hombres acabaron ejecutados, la ciudad incendiada y los pocos supervivientes abandonados a su suerte. En Chile había guerra civil y Cambiasso luchaba a favor de José María de la Cruz, opositor al gobierno de Manuel Montt. Pero sus métodos sanguinarios y dementes acabaron por poner a sus propios hombres en su contra y ellos mismos le entregaron a la justicia. Fue condenado y ajusticiado un año después.

Del Fuerte Bulnes no quedó absolutamente nada.

Fuerte Bulnes

Muchos años después unos militares encontraron dos cañones abandonados en Punta Santa Ana. La curiosidad por saber de dónde habían salido llevó a investigar los escritos del Gobernador Muñoz Gamero. En ellos estaba detallado el emplazamiento, estructura y equipamientos del que había sido el primer asentamiento chileno en el Estrecho de Magallanes, con el que el país había proclamado su soberanía sobre estos territorios.

"I perquè volien enfonsar els altres barcos?"

“I perquè volien enfonsar els altres barcos?”

La historia del Fuerte Bulnes empieza, como todas las historias, años antes de que se pusiera la primera piedra de los cimientos de la casa fuerte y acaba, bueno, realmente aún no ha acabado, este pasado año se ha descubierto el emplazamiento del cementerio y se sospecha que pueda haber enterrado algún marinero famoso, como el padre de Gauguin, ya que según la costumbre de la época, los fallecidos en el mar se enterraban en la primera población habitada y los peligrosos mares de la zona se cobraban no pocas vidas.

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Fuerte Bulnes se empezó a construir en 1843, cuando John Williams llegó desde Chiloé con la Goleta Ancud y veintipico personas a bordo, once de las cuales debían estabecerse en esas tierras para construir un poblado y ejercer soberanía sobre el Estrecho de Magallanes. La ubicación del fuerte fue decidida por su idoneidad militar en el alto rocoso de Punta Santa Ana, no tanto para poder avistar los barcos que cruzaban en estrecho, sino para que esos mismos barcos pudieran ver bien claro el pavellón chileno. La fortificación estaba pensada para protegerse de los salvajes caníbales (así se creía) que habitaban la zona. Las ruinas cercanas de la Ciudad del Rey Felipe, también llamada Puerto del Hambre no presagiaban nada bueno.

De Puerto del Hambre no queda nada, solo unas inscripciones

De Puerto del Hambre no queda nada, solo unas inscripciones

El fuerte fue creciendo en los siguientes años, nuevos colonos llegaron los dos primeros años pero enseguida se corrió la voz de que aquello era un frío infierno. Entonces el gobierno empezó a enviar a presos y militares castigados como refuerzos y la convivencia con los colonos civiles se hizo muy difícil. Aún así se construyeron diferentes barracones, casas civiles, talleres, una prisión, una ermita y establos para el ganado, estos últimos utilizando pasto, hierba, como material.

No tener que trabajar no era un castigo, los presos solo entraban en la carce para pasar la noche en el piso de arriba, con ventanas abiertas a los 4 vientos

No tener que trabajar no era un castigo, más bien al contrario. Los presos solo entraban en la carcel para pasar la noche en el piso de arriba, con ventanas abiertas a los 4 vientos

Detalle de las paredes de pasto de algunas casas y los establos

Detalle de las paredes de pasto de algunas casas y los establos

Pero fue gracias al comercio de trueque con los indígenas de bienes elaborados (como botones, cuerdas, hebillas o alcohol) por comida que el fuerte resistió 5 largos inviernos de pesadilla. En 1848 el capellán de Fuerte Bulnes, Fray Domingo Passolini, que se había convertido en un buen rastreador, encabezó una expedición hacia el norte en busca de una zona más habitable. En el viaje de ida fueron plantando gajos de patata en las zonas que parecían más prometedoras y a la vuelta comprobaron los resultados. La patateras se habían desarrollado mejor en la zona que los ingleses habían bautizado como Sandy Point, y que ellos rebautizaron como Punta Arenas. Ese mismo año el fuerte se trasladó (físicamente, tronco a tronco) a Punta Arenas junto con sus habitantes, sin ni siquiera esperar el consentimiento del mando militar. Únicamente se dejaron las construcciones militares mínimas necesarias, incluyendo la casa fuerte.

Vista de la casa fuerte desde el taller de carpinteros ingleses

Vista de la casa fuerte desde el taller de carpinteros ingleses

El fuerte empezó un rápido deterioro que culminó con la gran fogata de Cambiasso. Cien años después se inauguró la reconstrucción del fuerte gracias a los escritos del gobernador y una lámina de Alejandro Cicarelli. Hoy vuelve a tener un aire antiguo y no cuesta pensar que pudiera ser el fuerte original.

Lámina de Cicarelli. Derechos desconocidos. Obtenida de

Lámina de Cicarelli. Derechos desconocidos. Obtenida de memoriachilena.cl

La visita al fuerte es harto cara, como dicen aquí. 12 lucas los adultos, las niñas liberadas (eso son unos 32 euros en total). Antes habíamos podido verlo desde una preciosa cala al sur del fuerte, desde donde se tiene una magnífica vista de Punta Santa Ana. Dentro del fuerte la guía nos explica la historia y vida en el fuerte. Jana la mira con la boca y los ojos muy abiertos y después me pide que yo le explique qué ha dicho. Le encantan las casitas de madera, que parecen de juguete.

Para llegar allí alquilamos un coche y recorrimos extasiados la costa del Estrecho. En algún punto de ese recorrido dice la leyenda que fue enterrado el tesoro de Cambiasso, un cargamento de lingotes de oro robados a una goleta inglesa durante la batalla en Punta Arenas. A la vuelta del fuerte cortamos hacia el interior, hacia el Parque Natural de Laguna Parrillar. Allí nos esperaban Samuel, Marcela y Maite para un típico asado chileno con delicioso choripan en un entorno bucólico. Un gran fin de día.

Jana, Maite, Samuel, Marcela, Sílvia, Xose y Bruna

Jana, Maite, Samuel, Marcela, Sílvia, Xose y Bruna

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"Las cenizas de Fuerte Bulnes" por Sin piedras en los bolsillos (familia Bosch-Pérez) se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.
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