Los días en Puerto Baquerizo Moreno pasaron poco a poco hasta que se acabaron. También nuestro paso se ha ralentizado. El Sol, la playa, las largas siestas. Una pereza que huele a retorno. Hemos ocupado los días escribiendo, dibujando, leyendo, jugando, cocinando. Por las tardes íbamos a buscar unos conos rellenos de crema, unos panes de piña o de canela a la pastelería “La Cuencana”. Al atardecer pasear por el malecón, ver la puesta de Sol, ir al parque infantil o ver los ensayos de baile de un grupo de chicos y chicas. Después unos camarones al ajillo y guaju a la plancha con papas y patacones en la cevichería “El descanso del marinero”.
Mensajes etiquetados lobo marino
Todos lobos
Desde que llegamos a las Galápagos hemos pasado casi tanto tiempo en el agua como en tierra, si descontamos las noches y las largas siestas. Eso unido a las ganas de Jana de convertirse en un lobo marino me hacen pensar que Kurt Vonnegut no andaba tan desencaminado en su obra “Galápagos”, en la que una devastadora epidemia deja estériles a todos los humanos del planeta. A todos menos a un grupo de turistas involuntarios en las Galápagos, que se convertirán en la semilla de una nueva especie que en el trascurso de millones de años evoluciona hacia algo parecido a un lobo marino, abandonando el stress del trabajo y la polución de las ciudades y dejándose llevar por las corrientes marinas o tumbándose a dormir sobre una negra roca volcánica con el sonido de las olas rompiendo a pocos metros.

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Puerto Villamil y el caballito de mar
Llegamos a Puerto Villamil desde Puerto Ayora después de un pesadísimo viaje en lancha rápida que dura poco más de dos horas, tres vómitos y mucha transpiración. Llegamos acalorados, cansados, somnolientos, mareados, hambrientos, con mucha sed… pero dos pingüinos y varios lobos marinos nos dan la bienvenida.

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Dejándose llevar en Tortuga Bay
A 5 minutos andando de nuestro hostal arranca una escalera de piedra junto a una profunda grieta en el terreno. Uno de los lados se ha elevado unos 20 metros por encima del otro dejando una herida en la roca volcánica que la vegetación no ha conseguido ocultar. En lo alto de la escalera está la caseta del guarda donde hay que registrarse para ir a Tortuga Bay. Desde allí hay 2500 metros hasta la playa “brava”, solo para surfistas, y quizá 1000 metros más hasta la playa “mansa”. Son las ocho de la mañana, el camino empedrado está abierto de 6 de la mañana y nos cruzamos madrugadores que ya vuelven con sus tablas de surf bajo el brazo. El trayecto atraviesa un bosque de opuntias, manzanillo y matorrales y puede ser duro bajo el sol pero la recompensa lo vale.
Re-encontrándonos con Darwin en Puerto Ayora
Nuestra llegada a la isla Santa Cruz, la Indefatigable, ha supuesto también nuestro reencuentro con Darwin. Seguimos sus pasos y los del Beagle desde Tierra del Fuego hasta Chiloé, y aunque él -al igual que nosotros- también transitó por las áridas tierras de Arequipa en Perú, la verdad es que por aquellas latitudes no le prestamos mucha atención.
Llegar a Puerto Ayora ha supuesto para todos un entrañable reencuentro con Charles. Las niñas hablan de él como si fuera un abuelo que les explica cosas interesantísimas sobre animales y plantas. Han vuelto a gritar ¡Darwin, Darwin! por las calles cada vez que nos cruzamos con alguna de las muchas imágenes suyas que encontramos por la ciudad.
Chiloé, tras los pasos de Darwin
¡Mama, papa… una nalca, una nalca!
¡Como las que comía Darwin!
Efectivamente, Jana conoce la historia. El cuento Darwin, un viaje al fin del mundo le sirve de guía en las diferentes etapas del trayecto y acompaña muchas de las conversaciones a pie de cama. Igual que hicieron Darwin y FitzRoy a bordo del Beagle, también nosotros llegamos en barco a Chiloé después de haber disfrutado del espectáculo de las ballenas y los glaciares.
Fauna del sur de Chile
La región de Magallanes tiene una densidad de población bien baja (1,2 habitantes por km2). Percy, el naturalista a bordo del Edén, encuentra en este dato la explicación al hecho de que sea tan fácil avistar fauna de manera espontánea a lo largo de prácticamente todo el territorio. “Los animales aún sienten una curiosidad innata por nuestra especie y es relativamente fácil que se acerquen sin miedo”. No sé si será absolutamente cierto, pero me parece maravilloso sólo el hecho de imaginar que esto todavía pueda ser así en algún lugar del planeta.
De lo que no hay duda es que durante el mes de viaje por la Patagonia y Tierra del Fuego hemos visto “harta” cantidad de especies. Algunas de ellas se han dejado fotografiar. Espero que a mis alumnos de biología les guste esta entrada.

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