Encontrar alojamiento es un tema muy importante en la planificación del viaje, especialmente por el hecho de viajar con niñas y durante un periodo de tiempo largo.
Llegar a un nuevo sitio y sentirse acogido. Las maneras de acoger pueden ser totalmente diferentes y más o menos sutiles: un poco de aceite y sal en el armario de la cocina, el buen olor en las sábanas y toallas, una decoración dispuesta con cariño, la palabras de otros viajeros manuscritas en un libro de visitas…, pero de todas ellas hay una especialmente relevante: la acogida de los anfitriones. Rápidamente te das cuenta de si te dan la bienvenida y desean contribuir a hacer tu estancia más agradable o si simplemente completan un nuevo trámite de “check-in”. Cuando viajas con niños lo primero es casi imprescindible. Ellos perciben el acogimiento del lugar de immediato y es importante que cada llegada a nuestra “nueva casa” genere confianza y seguridad.
En Punta Arenas (en la Patagonia chilena) nos hemos encontrado con un hogar verdadero. Samuel, Marcela y sus hijas pequeñas, abren las puertas de su casa de madera (Samarce House) a cualquiera que necesite un lugar de descanso temporal. “Todo el mundo es bienvenido”, afirma feliz ella. Al rato de instalarnos Jana y Bruna corren felices por la casa. Catalina, la mayor de sus hijas viene a dar la bienvenida a Jana y la obsequia con un clip para el pelo. Jana busca stickers en su mochila y las cuatro los lucen felices pegados en sus manos. Mientras, Samuel y Marcela nos abren paso a su hogar: su cocina (armarios repletos de especias incluidos), su salón (lleno de fotos de familia y huéspedes), la caja con los juegos de las niñas e incluso su habitación familiar. Ellos se mudan a una nueva casa y nosotros nos quedamos “al mando” de esta. Nuestra estancia aquí es relativamente larga (diez días). El resto de inquilinos pasan de largo y aprovechan al máximo el tiempo fuera. Nosotros llevamos un ritmo tranquilo. Paseamos, salimos de excursión, quedamos con gente… pero también dibujamos, leemos, hacemos puzzles, cocinamos, descansamos en el sofá… Esto también forma parte de nuestro ritmo slow travel, y sentirse en un hogar -aunque sea temporal- resulta imprescindible.
Esperamos que a lo largo del viaje sean muchos los lugares donde sentirnos “como en casa”. La ruta será larga: Tierra del Fuego, Chiloé, la zona de los Lagos, Santiago, Valparaiso, Cuzco, […], Quito, […], las Galápagos… Si podéis recomendarnos lugares-hogares para alojarnos estaremos agradecidos y encantados!








