Colombia, Brasil, Santo Tomé y Príncipe, Gabón, República del Congo, República Democrática del Congo, Uganda, Kenia, Somalia, Maldivas, Indonesia y Kiribati. Todos estos países comparten un accidente geométrico, más que geográfico. Pero solo uno se llama Ecuador.
Llegamos a Tababela, el nuevo aeropuerto internacional de Quito, montados en el Dragon Khan de Port Aventura. Es curioso como lo que en algunas ocasiones pagas por diversión en otras te hace tan poca gracia. Recuperados de las turbulencias del avión aún nos quedan 25 kilómetros de autobús y 5 dólares de taxi para llegar a nuestro hostal.
Lo primero que nos llama la atención es que la autovía desde el aeropuerto a Quito parece nueva y que ninguno de los coches con los que nos cruzamos cumple con los estándares peruanos: son coches nuevos o en muy buen estado de mantenimiento. Enseguida nos damos cuenta también de que al conductor del autobús se lo comería con papas cualquiera de los conductores de starks que corren el rally Cusco-Valle Sagrado todos los días. Al llegar a la terminal de Río Coca cogemos uno de los múltiples taxis amarillos y verdes perfectamente señalizados, que nos lleva hacia el sur por el centro financiero de la ciudad. Edificios altos, de hormigón y vidrio, torres de oficinas, supermercados, escuelas – en una de ellas incluso se atreven con un “En esta escuela enseñamos sólo la verdad” (sic) -,… Todo parece muy “moderno”, muy occidental, no estamos acostumbrados.

Quizá no con la misma intensidad que en Cusco, pero se pueden encontrar vendedores ambulantes por todas partes, especialmente en la calle Chile
Nos alojamos en una casona de 200 años de antigüedad convertida en hostal y bautizada “Hostal Colonial Quito”. Es un hostal para backpackers, donde ni siquiera los volutarios que trabajan en la recepción hablan castellano. Aún así el hostal tiene cierta gracia y está suficientemente bien ubicado, lo que más les gusta a Bruna y Jana son los patitos del jardín, el molinillo de café y las clases de salsa: 1, 2, 3… 5, 6, 7….

Clases de salsa… hay que reconocer que las niñas tienen el estilo de su padre, aunque mucha más gracia

El patito las sigue por todas partes, incluso cuando ellas están disfrutando con el molinillo de café
Nuestra estancia en Quito es corta, apenas 4 noches, descontando el tiempo de adaptación que ya nos sabemos de memoria, no da para mucho. Pasear por el centro histórico, subir en el TeleferiQo (así, con Q de Quito) hacia el Pichincha o visitar la Mitad del Mundo son nuestros propuestas de salida. La visita al Pichincha resulta ser meteorológicamente imposible: ni un solo día llegamos a ver la cima de la volcán que domina imponente la ciudad desde el oeste, por lo que el TeleferiQo se queda para esa próxima vez de la que tanto hablamos en que visitemos sudamérica.

La colina del Panecillo, coronada con una virgen alada pisoteando un dragón, se eleva como una burbuja sobre el centro de la ciudad. La figura es la escultura de aluminio más grande del mundo

La ladera del Pichincha está colonizada, al igual que en Valparaíso, por un colorido rebaño de casas
La visita a la ciudad, como acostumbra a pasar, funciona mejor cuando te pierdes. La ruta monumental que recomendaba la guía apenas la seguimos durante media hora antes de coger un “atajo” en una dirección completamente diferente. La calle Junín, llena de galerías, artistas y joyeros nos lleva hasta la Casa de la Danza donde se ofrece un espectáculo en directo gratuíto dentro del Festival Mujeres en Danza. Con más interés que resultados nos apuntamos a la función donde un hombre (???) representa algo parecido a un parto con movimientos espasmódicos, mantras y voces en off. Bruna aguanta 5 minutos y Jana 10, pero a pesar de que no les gusta demasiado se van a pasar días hablando de la forma tan rara de bailar de ese hombre.

Quito tiene un sistema de transporte público en bicicleta parecido al de Barcelona, aunque menos restrictivo. Aunque aún hay pocas vías habilitadas y casi ninguna exclusiva.
Al día siguiente vamos a la Mitad del Mundo. Con ese nombre tan rimbombante y poco preciso se conoce una suerte de parque temático en torno a la línia imaginaria del ecuador, aquí pintada de amarillo canario. Por primera vez en lo que llevamos de viaje ponemos un pie en el hemisferio norte, el pie izquierdo para ser precisos. No sabemos hasta que punto Jana y Bruna son conscientes de lo que les intentamos explicar sobre el palabro ese de los “hemisferios” – solo saben que nosotros vivimos en el norte y estamos de viaje por el sur -, pero igualmente una línea pintada en el suelo da mucho juego. Pero la estrella de la visita es el planetario. El guión de apenas 40 minutos es bastante suave, lleno de planetas, estrellas y constelaciones. Jana se queda con la boca abierta y no quiere salir cuando acaba la sesión. Tan solo la promesa de ir al planetario de Barcelona a la vuelta consigue que acepte salir al exterior.
Quito es parada y fonda en nuestro recorrido. Un paso antes de llegar a uno de los hitos del viaje. Pero eso es tinta de otro post. Continuará…
P.D. La línea del ecuador no pasa “exactamente” por el monumento de la Mitad del Mundo, pero eso no importa demasiado… al fin y al cabo, como me repite Sílvia, nosotros los físicos siempre trabajamos con aproximaciones…













Hola família!!!
¿Tenéis previsto visitar el proyecto León Dormido en Pifo, Valle de Tumbaco? Me han hablado bien de él.
Con vosotros en la distancia…
Una abraçada ben gran.
Xavi.
Hola Xavi! Hem passat una setmana al León Dormido. En part per això fa dies que no escrivim. Una experiència molt interessant però que cal reposar abans de posar-nos a escriure-la. Ja us explicarem…
….com sempre, una passada llegir-vos familia!
Molts petoooooons
Xose, com que no importa que la línia de l’Equador no passi exactament pel punt de la línia groga? I no el vau anar a buscar? Ara sí que veig que el viatge t’està transformant (he, he)!
Molt interessant descobrir un país nou a través dels vostres ulls. Jo no sé si m’atreviria amb el “arroz con cuero y sangre”. Déu n’hi do. Cal ser valent!
Per cert, la Jana i la Bruna estan totals amb darrere de les figures d’astronautes.
petonets per als quatre!